Diario de Paquistán: número uno

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Gracias a todos por las felicitaciones y ánimos. Llegamos a Islamabad y las sensaciones son más o menos: la ciudad parece poco atractiva, pero son sobre todo otros los factores que dejan perplejos: la sensación de pasar de una fortaleza a otra sin que sea posible ningún movimiento autónomo o simplemente caminar por tu cuenta a ninguna parte; la extrañeza del vivir con escolta y moverse en coches blindados, no lo más agradable del mundo. Movimientos super lentos entre continuos controles y barreras. Mah…de momento parece dificil acostumbrarse a ello, es posible que la inmensa libertad de la que gozamos en Europa, pudiendo movernos libremente y sin peligro a cualquier lado, algo que damos por hecho, sea uno de las mejores aspectos de nuestra forma de vida.

Islamabad, 3 de octubre de 2014.

En nuestra primera semana en Paquistán, siento otra vez ese vértigo que ta da la llegada a un país totalmente nuevo: todo queda por organizar, a partir de lo básico: un teléfono, lo movimientos a la espera de tu mudanza y del coche, casas a visitar intentando orientarse entre los barrios y las calles. Si te trasladas dentro de Europa o de Occidente, todo es relativamente fácil: los parametros se asemejan, a pesar de algunas diferencias. Cuando te trasladas a un país con otra cultura, en muchos casos te quedas en entredicho. Nuestra expriencia india nos sirve para interpretar las situaciones paquistanas, con el agravante de la emergencia seguridad, mucho menos tal en el país vecino.

Un punto común a todos nuestros traslados extra – europeos (Brasil, India, El Salvador, Paquistán) es la persistente lucha contra un enemigo omnipresente: el aire acondicionado, usado en América y Asia de forma indiscriminada en hoteles y lugares públicos. Lo primero que hay que hacer, en los periodos iniciales en hoteles, es apagar el maldito aire acondicionado, glacial, que vuelves a encontrarte en 18 grados o menos cuando vuelves a ella. Dando vueltas al mundo he descubierto en mi propia piel que fuera de Europa, el aire acondicionado a tope es un simbolo de distinción económica y social. Un latino americano y un asiatico «bien» deben moverse entre hielos, para marcar su diferencia respecto de las masas que están fuera de hoteles, shoppings y restaurantes de lujo, que sí están expuestas a calores y sudores. Levemente distinta, en mi opinión, la concepción estadounidense del aire acondicionado (y en su caso, también del hielo, omnipresente en pasillo de hoteles / moteles y en los vasos, aún cuando inútiles). Allí el aire acondicionado no distingue entre ricos y pobres, sino refleja ese sentido de superioridad / indiferencia del hombre hacia la naturaleza, tipico de la civilización americana. En ninguna parte te congelas como en los Estados Unidos en verano. En Asia y Latinoamérica te acercas, por lo menos los que tienen paso a los lugares exclusivos.

Por lo tanto, a las dificultades iniciales se añade casi siempre una casi – enfermedad: en este momento tanto Isabel como yo la estamos rondando: en la habitación la temperatura está bajo control, pero desde el pasillo a salida te pasmas. Inevitable para un europeo, hijo de las cuatro estaciones, caer enfermo antes o después. Los locales no, para ellos el efecto – igloo es un honor. Con muchos recuerdos al calentamiento global.

Islamabad, 10 de octubre.