Tenía pensada otra página de diario, más divertida, que escribiré otra vez. En estos días Pakistán, país donde sufrimiento y sangre de por sí no escasean, está atónito acerca de su once se septiembre, el peor atentado de su historia, «Our darkest hour” como titula el Express Tribune. De poco sirve hacer un purpurri, culpabilizar al mundo musulmán en su conjunto, invocar a que se cierren fronteras, «ocupemos de nuestros asuntos» o al contrario «submergir de bombas a estos locos». La maraña afgo – pakistana es muy compleja, y las semplificaciones no ayudan. Hace falta mucho más de unas líneas para entrar en el tema, voy a intentar trazar un recorrido esencial que ayude a entender el contexto, para profundizarlo más adelante, yo también tengo que asimilar poco a poco los fragmentos del rompecabezas.
El ataque del 16 de diciembre ha sido llevado a cabo por el principal grupo talibán de Pakistán, llamado TTP. La galaxia talibana no es unitaria, los talibanes de Pakistán, de Afganistán o del ISIS (Daesh) son cosas diferentes y aún cuando inspirados por ideologías similares no siguen exactamente la misma estratégia.
Los talibanes (estudiantes, del Corán) son grupos de inspiración integralista nacidos en Pakistán en los años ochenta, debido al enorme impulso dado a las escuelas coránicas y al islamismo dado por el régimen militar desde el año 1977 (golpe del general Zia contra el presidente Bhutto), que empieza el proceso de islamización de este país, contrapuesto a la inspiración laica inicial de su fundador, Ali Jinnah. La inspiración ideológica del talibanismo reside en la escuela de pensamiento Deobandi, a la cual se inspiran la mayor parte de las madrassas (escuelas coránicas) y en el wahabismo, interpretación del Islam mayoritaria en Saudi Arabia, muy conservadora (interpretación literal del Corán, un texto escrito en el VI siglo d.C.)
Los estudiantes coránicos formados en estas escuelas son sucesivamente enviados a luchar en Afganistán contra los soviéticos. Esta lucha la llevan adelante los mujaeddines, con ayuda estadounidense y pakistaní, que sin embargo persiguen diferentes objetivos: los americanos quieren echar a los rusos de Afganistán, los pakistanís controlar su patio trasero (la frontera entre Pakistán y Afganistán es porosa e incontrolable). Una vez derrotados a los soviéticos, en la guerra civil afgana que sigue, Occidente e India tienden a apoyar las milicias del norte (la que será conocida más tarde como Alianza del Norte, compuesta por tagiks, turkmenos, uzbekos y hazaras), Pakistán a los grupos pashtún, con fuerte arraigo de los talibanes. Hay que tener en cuenta que las poblaciones de la etnia pashtún, arraigadas a ambos lados de la frontera, se refugian en uno u otro según la evolución del conflicto. En este momento hay millones de refugiados afganos en Pakistán, y varios cientos de miles de pakistanís en Afganistán: depende de la tranquilidad relativa de las zonas de origen. Los refugiados, amasados en condiciones penosas en campos y sin perspectivas, son fácil presa de propagandistas, y reclutadores de soldados para la guerra.
Los talibanes afganos toman finalmente el poder en Afganistán después de la caída del régimen pro – soviético: son los años del poder talibán en Kabul. El 11 de septiembre provoco’ una precipitosa intervención militar para echarlos (más que nada, porque habían acogido a Bin Laden y Al Qaeda, su aliado, no debido a su oscurantismo). La caída de los talibanes fue obra de la Alianza del Norte, apoyadas por Estados Unidos y otras potencias limítrofes, pero no de Pakistán, que no quería aniquilar las milicias talibanas, que se refugiaron al otro lado donde se quedaron durante años sin ser molestadas, y con libertad de paso. El hecho que los Estados Unidos decidieran no intervenir con sus tropas, sino confiar la lucha contra los talibanes a los aliados del norte contribuyó a conservar la fuerza de los primeros. Los EE.UU tenían dos objetivos en Afganistán: capturar a Bin Laden y trasladarse a Irak, donde se libraba otra batalla (caída del régimen de Saddam Hussein y control de las reservas petroleras iraquíes).
El apoyo a la reconstrucción de Afganistán se quedó siempre en un plan militar, sin reales resultados en términos de desarrollo y mejora de las condiciones de vida de la población. Con el tiempo, la falta de resultados le permitió a los talibanes recuperar el terreno perdido: Afganistán no se ha fortalecido en su estructura estatal y sigue débil. La comunidad internacional se está yendo; después de una década, cansada de ver tan pocos resultados concretos. Pero para construir un estado sólido hacen falta décadas de esfuerzos e ingentes recursos, no bastan pocos años de presencia come ingenuamente nos obstinamos a creer en Occidente.
Los talibanes, tranquilamente instalados en las zonas tribales de Pakistán, están ahora bajo presión, porque el gobierno civil pakistaní ha lanzado una ofensiva militar (Zarb-e-Azb – ataque decisivo y cortante), en zonas en las cuales los talibanes salidos de Afganistán se habían quedado sin ser molestados desde el fin de la guerra de Afganistán en 2002. Son zonas tribales, rurales y muy conservadoras. Los talibanes se mimetizan perfectamente, porque su cultura coincide con la local. En esa zona atacaron a Malala, y allí prevalecen valores muy lejanos a la vida moderna. Ahora la población local se ha refugiado a otra parte, en Pakistán o Afganistán, y el ejército está luchando con esa parte de grupos aún en el terreno (muchos se han ido, obviamente a ….Afganistán, aprovechando del retiro de las tropas occidentales). Es el efecto “manta corta”: les golpeas aquí, se van allá. Aparente tranquilidad por un tiempo, después se reorganizan y el terror vuelve a empezar.
Durante meses los talibanes pakistanís han sufrido esta ofensiva, que quiere también remover las dudas persistentes hace anos sobre la verdadera voluntad pakistaní de eliminar las bases terroristas, y no han conseguido responder con atentados, que requieren cierta capacidad logística, en este momento puesta a prueba.
El atentado de Peshawar no ha sido muy sofisticado, y podría confirmar que están en dificultad; sesi hombres armados y cubiertos de explosivos han trepado el muro de una escuela que pertenece al ejército, frecuentada por hijos de militares y donde enseñan mujéres de militares, disparando a placer y después accionando sus chalecos. Con 141 muertos, es el peor atentado de la historia del país.
Se trata pues de una venganza explícita hacia los militares, a través de sus familias, sobre la cual se inserta el simbolismo del ataque a una escuela moderna, no «coránica», donde se enseñan matérias «inoportunas» respecto de la única verdad admisible.
Una última nota (el tema no se agota aquí): por qué los agresores consideran admisible matar a niños? Más allá de los factores anteriores, hay que considerar que las zonas de presencia talibanas son bombardeadas con regularidad por el ejército, pero además objeto de la acción de los drones, no coordenados con la acción militar interna y dirigidos desde territorio americano, teledirigidos para golpear objetivos identificados como terroristas (líderes y militantes). El problema de la acción teledirigida es que depende de informaciones desde el terreno, por su naturaleza huidizas e inciertas, y provoca ingentes daños colaterales (nombre púdico para indicar muertes de gente que militantes no es: se calcula que en promedio 80 por 20 terroristas matados). Los agresores de Peshawar no estiman comportarse de forma distinta de sus enémigos. Este cuentagotas de víctimas civiles es una de las principales fuentes de alimentacón del terrorismo, y debería hacer entender a los partidarios de los bombardeos desde arriba que esa modalidad tiene también efectos contraproducentes.
Queda mucho más en el tintero, será para otra ocasión.
Islamabad, 20 de diciembre de 2014.