Diario de Paquistán, número siete: Homeland y alrededores

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Ha pasado un rato desde mi última página del diario. Mientras tanto, he intentado resumir mis pensamientos sobre el tema islámico, que se ha convertido en prioritario para la opinión pública en Europa después de París y el ataque contra Charlie Hebdo.

Mis dos artículos en Lo Spazio della Politica y Gli Stati Generali (http://www.lospaziodellapolitica.com/2015/01/il-mondo-tra-l11-settembre-e-la-strage-di-parigi/) e (http://www.glistatigenerali.com/questione-islamica_terrorismo/attenti-se-non-proviamo-a-capire-lislam-facciamo-il-gioco-dei-terroristi/) han recibido bastante atención, siendo abundantemente compartidos y habiendo levantado muy pocas críticas directas, a pesar de no plantear necesariamente tesis populares o fáciles. Por supuesto, quien sopla sobre el fuego atrae más atención, pero esto no es una cuestión en la que podamos permitirnos simplificaciones y visiones unilaterales.
Al vivir en un país islámico, de hecho uno de los más polémicos y complejos, que alberga algunos de los más peligrosos movimientos radicales, alimentados en las madrassas y activos tanto localmente como en los países del entorno, soy consciente de cómo este país no se esté «modernizando» o «occidentalizando», sino por lo contrario haciéndose más conservador y radical. Temas como el eterno contraste entre la naturaleza islámica y los derechos de las minorías, que se vuelve delicado al invocarse con frecuencia la blasfemia, la ausencia en un país como este del principio de laicidad, la vuelta reciente de la pena de muerte son todas cuestiones que tenemos que tratar con tacto y realismo, defendiendo nuestros principios sin pretender poder imponerlos a la fuerza en el país que nos acoge. En lugar de declaraciones enfáticas, trabajar día tras día, buscando las palabras y los espacios adecuados, intentando sembrar semillas para el futuro.
Por esta razón, me dio una gran satisfacción personal la semana de formación que le impartí a los diplomáticos paquistaníes que acaban de entrar en su carrera: una semana dedicada completamente a la Unión Europea en el marco de su año de formación inicial. Este curso me ha permitido combinar dos de las dos actividades que más quiero: presentar temas en los que creo, sin ocultar sus ambigüedades y problemas, interactuando con gente joven, preparada y curiosa.

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Para unos jóvenes al principio de su carrera internacional, enfrentarse a un colega suyo de otro origen con veinte años de experiencia encima es una gran oportunidad, como lo era para mí, confrontándome no ya con sus jefes, insertos en otra lógica, sino con mentes abiertas y jóvenes.
Siempre dediqué mucha energía a este tipo de interacción, incluso organizando, por mi cuenta y fuera de las horas de trabajo, los dos primeros cursos de estudios europeos impartidos jamás en universidades de Brasil (por cierto, cuando informé de esta actividad a mis superiores en Bruselas, quejándome de un ascenso que no había llegado, se me dijo que al no estar directamente relacionada con mis funciones no valía como título de mérito: buena demostración de la lógica antediluviana y anti – espíritu de iniciativa en la que aún viven muchas instituciones).
El curso me ha permitido presentar la Unión Europea insertándola en el contexto de la historia europea, de sus diferentes culturas, sensibilidades religiosas, historias económicas y también culturales que hacen de Europa una «unidad en la diversidad». Una manera muy diferente comparado con el habitual enfoque institucional – funcional, y que personalmente encuentro mucho más convincente y completa. De esta forma, un curso sobre la Unión Europea se convirtió en un recorrido a través de la diversidad europea y los valores que nos unen. Para desde allí llegar a nuestras relaciones con el resto del mundo y en particular con el mundo islámico y el Asia meridional en la cual nos encontramos.

De esta manera, pudieron entender más directamente la importancia no sólo de la dimensión económica de nuestro ser Europa y nuestras dificultades actuales, sino también la importancia que nosotros los europeos le atribuimos al respeto de los derechos humanos, la democracia y nuestra sensibilidad con respecto a la diversidad cultural: siendo tan diferentes entre nosotros, ¿como podríamos imponer una visión manu militari como otros lo hacen? (sin ocultar que lo hicimos en el pasado, en la época colonial, pero como naciones separadas).
En las semanas inmediatamente posteriores a París, natural que el debate se haya encaminado hacia libertad de expresión (¿con o sin límites?), el radicalismo y sus consecuencias sobre el terrorismo y lo que estos temas implican para Pakistán y Europa.
Delante mío unos chicos y chicas muy preparados, al principio de un viaje que no puede no ser vocacional, llenos de preguntas y de respeto pero también orgullosos del su ser islámicos. Creo que un debate de este tipo puede tener éxito y sirve sólo si pones todas las cartas sobre la mesa, sin preclusiones. La sinceridad en las intenciones es la clave para el diálogo.
El tema que estos chicos no entienden, como casi todos los musulmanes, es el valor de la sátira en materia religiosa: de hecho, en una sociedad en la cual la esfera religiosa impregna todo, no le ven el sentido. El después Charlie Hebdo ha traído a la palestra la no negociabilidad de la libertad de expresión. Por otro lado, quien invoca la blasfemia el sacrilegio en el mundo islámico, lo hace por razones políticas más que religiosas, así como aquellos que en Europa atacan al Islam por razones electoralistas. No defienden la libertad de expresión, sino sus intereses inmediatos. Personalmente, creo que la sátira religiosa es prescindible, aunque no censurable: debe ser ignorada por quienes se sienten ofendidos por ella. Pero la ofensa gratuita no es tampoco ese gran valor que se le suele atribuir.
Agradable sensación de «notarlos» conmigo durante el curso, aspecto fundamental para un orador o un profesor y pensar que después de esta semana, Europa se ha transformado para ellos de un ente abstracto en un ser vivo, que en sus actividades profesionales considerarán con más simpatía que un simple «bloque comercial».
La última lección fue un viernes, el día sagrado musulmán. Los chicos iban vestidos de blanco, muy elegante, para la oración de la tarde. Las chicas con el velo sobre sus hombros: mientras estaba terminando la recapitulación final, sonó la llamada a la oración principal: me sobresalté un momento, sin saber si debería parar. No: las chicas se pusieron el velo en la cabeza y continué a hablar. Compromiso entre la religión y la vida moderna, sin que la primera ni desaparezca ni prevalezca.
En el momento de la entrega de diplomas, unos minutos más tarde, los chicos me aprietan la mano convencidos, las chicas con timidez, no acostumbradas al contacto «físico» con un hombre extranjero. Pero son diplomáticas, y dieron el tipo.


La batalla del diálogo entre Occidente y el Islam todavía no está perdida todavía, simplemente hay que creer y trabajar para ello.

En otros eventos de estos días, participé en una reunión para la armonía religiosa, en la cual entre los oradores figuraban a representantes de todas las religiones presentes en Pakistán y …de la Unión Europea (un signo que nuestro mensaje de tolerancia es apreciado) y otra con los representantes de los sindicatos, para explicar los mecanismos de la Unión Europea que vinculan el comercio con Pakistán al respeto de los derechos humanos, principalmente los de los trabajadores.
Un público muy diferente al de los jóvenes diplomáticos, al cual tuve que dirigirme con un traductor para el urdu, uno de las primeras veces en mi vida hablando a una audiencia en un idioma distinto al suyo.
Destacable notar la creciente simpatía que fluía a medida que avanzaba la intervención, y ver como personas de un perfil muy diferente al internacional se ensimismaban en el tema. Por cierto, gracias a nuestra política de preferencias comerciales, Pakistán exporta muchos productos, especialmente textiles, a la UE, una concesión que se hace por razones más sociales que económicas: más exportaciones significa más empleo, menos marginación y menos terrorismo. Pero esas concesiones están también vinculadas a mejoras demostradas en el respeto de los derechos humanos: todo un desafío.
Estos días hemos también devoramos, en el espacio de unas cuantas pocas noches, la cuarta temporada de Homeland, prohibida en este país disponible en copias.
La curiosidad residía en el hecho que la acción de esta temporada fuera en Islamabad, como ya me habían adelantado algunos amigos, que me habían preguntado acerca del realismo de la serie.


Adelanto que las temporadas anteriores de la serie me habían gustado mucho, dado que su planteamiento es mucho más equilibrado que él la por otra parte entretenida Twenty Four de Keith Sutherland, todo un himno a «vale todo en nombre de la lucha contra el terrorismo».
Finalizada la historia de Nicholas Brody, la cuarta temporada encuentra a Carrie Mathison jefa de estación de la CIA en Kabul, entre otro a cargo de los infames ataques de drones en territorio pakistaní (en la zona tribal, llamada FATA).
Después de una malograda operación, la acción se traslada a Islamabad, en busca del líder terrorista que había sido objetivo d la bomba lanzada por el dron.
Homeland 4 estaría es quizás la mejor temporada de la franquicia: apasionante hasta casi el final. Para mi sorpresa, la descripción del tema del terrorismo en Pakistán es muy realista: me parece extraordinario que una serie americana, en lugar de presentar una visión unilateral del tema, admita sus riesgos implícitos: el uso de los drones y sus numerosas víctimas colaterales; describa sin vacilar las distorsiones políticas que afectan las actividades de la CIA; y las contradicciones inherentes a la acción de los servicios secretos paquistaníes, divididos entre pro y anti-talibán, interpretados respectivamente por los personajes de Tasneem Qureshi y Aasar Khan.
La red Haqqani es un grupo talibán que sí existe en FATA, y todos los elementos de la historia son realistas, salvo la orgia final de fuego y tiros a la cual parece que una serie americana de este tipo no pueda renunciar.

Los talibanes no son presentados como «hombres de negro», sino como combatientes feroces y decididos, pero con un punto de vista, no el mal por el mal: una visión más realista de la habitual. Aunque Pakistán haya prohibido la difusión del programas en la televisión de este país, de hecho a quién sale peor es el jefe de la CIA, arrogante e incompetente y algunos otros americanos. Islamabad se describe como «una mierda de sitio», pero es un incompetente que lo hace, lo cual relativiza su alcance.
Impresiona oír hablar del barrio en el cual vives (F 8/3, Mezquita Faisal), aunque las imágenes no acompañen : la serie fue filmada en Sudáfrica (totalmente imposible hacerlo aquí) y claramente, la que aparece no es Islamabad. Demasiada gente en la calle, demasiado «normal» la ciudad, que en realidad tiene un aspecto más amorfo y administrativo.
La Embajada de Estados Unidos no está en una calle normal como se describe, sino inaccesible al público en el enclave diplomático: pero así complicaría el guion.
Algunos detalles del punto de vista del iniciado: unas negociaciones diplomáticas entre Pakistán y otros países, por definición, no pueden ocurrir dentro de la Embajada de este último, deben tener lugar en un edificio del país anfitrión. La situación descrita en la serie es protocolariamente imposible.
Algunas curiosidades: un chico y una chica paquistanís no pueden ir de la mano en la calle como se describe en la serie; los autobuses son mucho más desastrosos que como aparecen; y un agente del ISI (servicio de inteligencia paquistaní) no puede tener la apariencia y la ropa de Nimrat Kaur: los agentes secretos sexy al menos por ahora no son los pakistanís.


En conclusión, buena serie, muy realista, bien hecha y convincente, con alguna simplificación y detalle fuera de lugar, pero parte agradable e instructiva.
Islamabad no es el «lugar de mierda» que se menciona, pero de hecho aparece en la ficción mejor de lo que realmente es. Hay poco que ofenderse.
En cuanto a mí, mis aventuras diarias superan con creces las de los protagonistas de la serie…

Islamabad, 14 de febrero de 2015.