La creación, a partir del 1 de enero de 1999, de la moneda unica europea, el EURO, ha levantado grandes expectativas entre los profesionales e incluso dentro del gran público, no solo en los países directamente afectados sino en todo el mundo.
Es verdad, que debido a la importancia de los países de la Unión Europea en el comercio internacional (la UE representa el 20% del comercio mundial sin contar los intercambios intracomunitarios, superando los mismos Estados Unidos y afirmándose como primera potencia comercial del mundo), la introducción del EURO supone un impacto internacional significativo a nivel tanto macroeconómico como microeconómico.
La creación de la moneda única europea no debe interpretarse simplemente como el comienzo de un proceso, sino más bien como un paso de enorme importancia que viene a completar un proceso de integración económica empezado en 1957.
La Comunidad Europea se funda sobre el pleno respeto de las cuatro libertades fundamentales (movimiento de bienes, servicios, personas y capitales), que están plenamente implementadas entre los Quince: el Mercado Unico está en vigor sin excepciones desde el 1 de Enero de 1993.
Desde los primeros años de integración se vió claramente que la creación de un mercado común no podía limitarse, para surtir todos sus efectos positivos, a un simple desmantelamiento de los obstáculos a estas cuatro libertades, sino que debía ser completada por una integración progresiva de los diferentes ámbitos de política económica y por el lanzamiento de políticas gestionadas a nivel comunitario que redundasen la acción integradora (política regional y de cohesión social, de libre competencia, de transportes, de investigación y desarrollo, política comercial común, etc.).
La necesidad de una política monetaria común se afirmó progresivamente, y se vió reforzada por el derrumbamiento del sistema de cambios fijos (1973), que evidenció para los países europeos la necesidad de estabilizar sus tipos de cambio en el marco del nuevo sistema de cambios flotantes.
La primera tentativa de estabilización fue la de la serpiente monetaria, que aún tenía el dolar como eje de referencia; la etapa siguiente fue el ECU, cujo eje de referencia era una cesta compuesta por las mismas monedas europeas.
EI EURO es el escalafón final de ese proceso: a través del estrechamiento progresivo de los márgenes de fluctuación de las divisas europeas, se ha llegado a la definición de unas paridades fijas e irrevocables de las 11 divisas de los países del EURO (determinadas el 3 de Mayo de 1998 y revisadas por última vez el 31 de Diciembre).
Dicho acercamiento monetario progresivo ha sido hecho posible por la puesta en marcha en tres etapas de la Unión Económica e Monetaria, que ha ido compatibilizando las diferentes economías nacionales, monitorada mediante el cumplimiento de los criterios de convergencia (los famosos «criterios de Maastricht»).
No entramos aquí en los diferentes criterios, que al fin y al cabo representan una etapa ya pasada del proceso: concentrémonos más bien en la realidad de la tercera y última etapa de la UEM, que es la da comienzo el 1 de enero de 1999.
A esta etapa acceden once países que han cumplido plena o parcialmente los criterios de convergencia y han sido admitidos a formar parte de la moneda única: Alemania, Austria, Bélgica, España, Finlandia, Francia, Holanda, Irlanda, Italia, Luxemburgo y Portugal.
Tres países habrían cumplido con los criterios pero no acceden de momento, por decisión própia, a esta tercera fase, aún habiendo participado del proceso de UEM en sus dos primeras fases: Dinamarca, Gran Bretaña y Suecia.
Un país, Grecia, no ha cumplido con los criterios y sigue su proceso de convergencia con el objetivo de integrarse en la tercera fase cuando sus datos económicos se lo permitan.
Debemos subrayar como los cuatro países que no se adhieren de momento a la tercera fase han manifestado todos su voluntad de incorporarse más tarde al proceso y todos han decidido vincular sus monedas nacionales al EURO dentro de unos márgenes de fluctuación: lo cual demuestra la existencia de un grupo «Euro – ampliado» que tendencialmente se incorporará plenamente al EURO en un plazo relativamente corto.
A partir del 1 de Enero de 1999, la Unión Monetaria es plenamente operativa en los mercados financieros aún sin que circulen monedas y billetes. El tipo de cambio fijado el 31.12.1998 se vuelve irrevocable: la moneda nacional y el EURO se convierten en dos expresiones de la misma moneda, como la unidad y el céntimo.
El EURO adquiere plena equivalencia jurídica con las monedas nacionales: entre el 1.12.1999 y el 31.12.2001, su uso no puede ser ni prohibido ni obligatorio, pudiendo ser usado indiferentemente que las monedas nacionales. Las nuevas emisiones de títulos públicos podrán efectuarse solamente en Euros; los contratos expresados en monedas nacionales o ecus mantienen su vigencia al cambio del Euro.
El Banco Central Europeo (BCE) empieza sus funcionamiento a pleno régimen, dirigiendo la política monetaria del euro utilizando los resortes habituales de un banco central (emisión de moneda, fijación de los tipos de interés de referencia, intervenciones en los mercados monetarios). Los bancos centrales nacionales conservan como tarea principal la vigilancia del sistema bancario nacional.
Por su parte, los gobiernos de los países del EURO, se comprometen, a través del Pacto de Estabilidad y Crecimiento, a continuar el proceso de convergencia, manteniendo bajo control las variables macroeconómicas, respetando los planes de recomendaciones aprobados por el Ecofin Euro (compuesto por los Ministros de Economía y Hacienda de los países participantes) y siendo sometidos a sanciones económicas en caso de incumplimiento.
A más tardar el 1 de Enero del 2001, entrarán en circulación las monedas y billetes en Euros y serán progresivamente retirados los billetes y monedas nacionales, que desaparecerán a más tardar el 1 de Julio del 2001, día de la desaparición definitiva de toda moneda nacional: sólo entonces el Euro tendrá vigencia plena.
En realidad, el periodo de coexistencia fisica entre el EURO y las monedas nacionales será acortado lo más posible (unas semanas), para reducir los costes relativos a dobles contabilidades y la relativa confusión: tres años de coexistencia virtual del EURO y de las monedas nacionales deberán por aquel entonces haber sido suficientes para facilitar al máximo esas transición.
Cuales son las ventajas de la Unión Económica y Monetaria y del EURO para Europa? Ellas son de distinta órden:
La UEM y el EURO completan el proceso de creación del mercado único, dando transparencia absoluta a los precios, eliminando los costes de transacción entre diferentes monedas (que varios estudios estiman entre 0.5 y 1% del PIB europeo en la actualidad), eliminando los riesgos de cambio y la inestabilidad monetaria.
Por otro lado, el proceso de convergencia provoca también una sincronización cada vez creciente de los ciclos comerciales en los países de la UE.
Es dificil cuantificar el crecimiento económico que pueda derivar por este proceso en los próximos años: estimaciones elaboradas por el FMI arrojan unas previsiones de crecimiento progresivo. del PIB debido a la UEM del 0.2% en el año 2000, 0.9% en 2001 hasta 2.9% en 2010.
Dicho crecimiento de la actividad económica tendrá impacto positivo en las otras regiones del mundo, en función de su nivel de interdependencia comercial con la UE. Los países del Mercosur, para los cuales la UE es el primer socio comercial, experimentarán de esta forma un aumento de sus exportaciones hacia la UE derivado del crecimiento económico generado en esa región por la UEM.
La creación del EURO supone además el nacimiento de un importante mercado financiero expresado en la nueva divisa, cuyas dimensiones van sin duda a superar con creces las dimensiones adquiridas por el mercado financiero en ecus.
La unión monetaria va a aumentar la liquidez existente en los mercados nacionales, va a atraer a los inversores extranjeros y va а reducir los tipos de interés.
El EURO se propone además como nueva moneda internacional, para facturación y pagos de operaciones de comercio internacional y como nueva moneda de reserva al lado del dolar.
Esta diversificación va a dar un mayor equilibrio a las relaciones monetarias internacionales, estabilizando con toda probabilidad los fenómenos de volatilidad de los tipos de cambio y facilitando la coordinación financiera internacional.
En resumidas cuentas, la UEM y el EURO van a dar lugar a:
- – un mayor crecimiento económico y empleo en la UE, y, en menor medida, en el resto del mundo.
– un mercado único más eficaz, mediante su simplificación y el proceso de abaratamiento de los costes;
– una mayor estabilidad financiera internacional.
Cual va a ser el impacto de la introducción del EURO sobre la economía internacional?
Ya hemos examinado el efecto de la introducción del EURO sobre el crecimiento de la economía, tanto de la europea como la de los países terceros.
En lo que concierne a la facturación de operaciones comerciales, el dólar es de lejos la divisa más utilizada, delante del marco alemán. El índice de internacionalización de las divisas, calculado como el índice de participación de una divisa en la facturación de operaciones comerciales sobre la participación del país en el comercio internacional da un valor de 4,5 para el dólar y la única otra divisa mundial con índice superior a 1 es el marco alemán, con 1,4. Estos datos demuestran que la práctica totalidad de las operaciones cuya factura no está expresada en la divisa del exportador o del importador se cotiza en dólares.
Ahora bien, las cuatro principales divisas de países del EURO suman 24.8% de las exportaciones mundiales. A corto plazo, no es probable que se den cambios radicales en estos números, pero a medio plazo es probable que el EURO se consolide, debido por un lado al efecto de substitución de las divisas europeas y por otro lado a su alto grado de convertibilidad y aceptación, como la segunda divisa mundial en lo que concierne a la facturación comercial.
Es posible que a plazo se de también un fenómeno de conversión del EURO en divisa vehículo en los mercados de cambios monetarios, acompañando al dólar, ahora praticamente solo en esta función, directamente ligada a los costes de transación de la moneda y al tamaño del mercado monetario asociado.
En lo relativo al uso del EURO en carteras de inversiones privadas, el porcentajе de títulos, acciones y préstamos bancarios en países pre-EURO ya es el más elevado del mundo (37.1% en 1995 comparado con 34.2% del dólar y 15.7% del yen).
Sobre todo el mercado de títulos públicos en EUROS se agrandará ulteriormente, atrayendo los inversores internacionales sobre todo a medio y largo plazo.
La existencia de un mercado de capitales en EUROS más competitivo deberá impulsar a las empresas a recurrir cada vez más a este mercado para buscar recursos: ahora mismo, en los mercados europeos el 55% de los recursos financieros son préstamos bancarios, contra 22% en los EE.UU: el mercado de deudas privadas en EURO acercará seguramente a plazo estas proporciones.
Es probable que también la deuda de los países en desarrollo, hoy en día mayoritariamente expresada en dólares, se oriente cada vez más hacia el EURO en el futuro.
Finalmente, en lo que concierne el uso del EURO en las reservas oficiales, el dólar sigue siendo predominante aunque su participación en estas es progresivamente menguante (de 76.1% en 1973 a 63.7% en 1996). Es probable que el EURO se afirme rápidamente como la segunda moneda de reserva, en función sobre todo del peso del comercio europeo a nivel mundial y del grado de estabilidad de la cotización del EURO, que debería ser elevado. De esta forma, se rompería el monopolio substancial del dólar en este ámbito (la segunda divisa en 1996 era el marco alemán con 14% de las reservas oficiales) para ir hacia una situación más equilibrada con el EURO como segunda divisa de expresión de las reservas oficiales. Varios países, entre ellos China, ya han anunciado su intención de convertir parte de las reservas en dólares a EUROS.
Para concluir este análisis de los efectos macroeconómicos de la introducción del EURO, es oportuno subrayar que todos estos efectos se producirán gradualmente en el tiempo y no de forma repentina o desequilibrada.
Los aspectos microeconómicos de la introducción del EURO se insertan también en un escenario de mutaciones graduales; si para las empresas europeas se plantean basicamente dos opciones, la conversión inmediata a partir del 1.1.1999 de todas las operaciones en EUROS o la adaptación progresiva a lo largo de la etapa transitoria teniendo como plazo final para la conversión definitiva el 30.6.2002, tres aspectos pueden interesar especialmente a las empresas de países terceros en sus relaciones con empresas europeas:
- – la adaptación progresiva de la facturación al EURO, con la necesidad de desarrollar una gestión del riesgo de cambio en la nueva divisa (desapareciendo por completo el riesgo de cambio de las divisas nacionales de los países del EURO ya a partir del 1.1.1999);
– el fortalecimiento progresivo de un mercado de capitales en EUROS que puede ser del interés de empresas no europeas en función de la competitividad de esta divisa;
– la mayor simplificación y transparencia de las operaciones con los países del EURO.
En la medida en la cual las empresas de otros países tengan relaciones significativas con empresas de países del EURO, la introducción de la nueva divisa irá planteando progresivamente unos desafios más o menos significativos a nível de marketing, gestión financiera, adaptación de los sistemas informáticos, formación del personal.
En conclusión, si el nacimiento del EURO es seguramente un fenómeno de gran significación para la economía mundial e incluso para las relaciones internacionales en su conjunto, sus efectos macro y microeconómicos a corto plazo no deberían ser excesivamente enfatizados, dado que los principales cambios se darán en un plazo medio-largo y las empresas podrán adecuar sus operaciones a la nueva realidad con un cierto sosiego.